Cuando la preocupación se vuelve patológica


Todo ser humano se preocupa cuando tiene algún tipo de problema, y esa preocupación es el motor que impulsa a la persona a planear mentalmente lo que hará para resolverlo, replanteándose los detalles del asunto de forma que pueda entender bien qué está sucediendo y qué acciones deberá tomar para salir del paso. Se trata de un movimiento interno común y corriente que tiene lugar en nuestra vida casi a diario.

La preocupación se convierte en patológica y revela un trastorno de ansiedad cuando la persona pierde el control sobre sus pensamientos y se agobia por cosas poco realistas, como son contratiempos que no tienen mucha probabilidad de suceder o que están muy lejanos en el tiempo, y les da vuelta una y otra vez sin lograr resolverlos ni poder librarse de su supuesta amenaza, con lo que se llega a perder de vista problemas reales del presente y se cae en una especie de círculo vicioso extremadamente frustrante.

La preocupación patológica, lejos de ayudar al individuo a solucionar sus problemas, se convierte en una fuente de angustia permanente, deteriorando la calidad de vida de quien la padece e influyendo negativamente en las relaciones familiares y de pareja.

En casos así es recomendable buscar el auxilio de la psicoterapia, que permitirá ahondar en el origen de la preocupación patológica y proveerá al paciente de herramientas para lidiar con éxito con este tipo de desequilibrio psicológico.

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